El Ritmo Justo


Vivimos en un mundo obsesionado con la rapidez, donde intentamos embutir más y más actividades en menos tiempo, convirtiendo cada momento en una carrera contrarreloj. Esta "cultura rápida" se infiltra en todos los aspectos de la vida: salud, dieta, trabajo y relaciones.

Cal Newport, autor de varios libros influyentes sobre productividad, identifica este problema en el ámbito laboral como "sobrecarga crónica", un estado donde tenemos más tareas pendientes de las que nuestra mente puede procesar. Esto genera dos fenómenos destructivos:

  • El cortocircuito cerebral: Nuestra capacidad de planificación se bloquea ante cientos de correos y compromisos.
  • La espiral de gastos generales (overhead spiral): Pasamos tanto tiempo hablando sobre el trabajo (reuniones, correos) que no queda tiempo para ejecutarlo realmente.

El movimiento cobró relevancia cuando Carl Honoré, periodista y escritor canadiense, se encontró a sí mismo intentando leer "cuentos de un minuto" a su hijo para terminar rápido y seguir con su lista de tareas. Se dio cuenta de que estaba "corriendo por la vida en lugar de vivirla". Su conclusión fue que lo que debería ser el momento más tierno del día, se había convertido en una lucha de gladiadores entre su prisa y la lentitud natural de su hijo.

Newport propone una solución estructurada para el agotamiento profesional basada en tres principios:

  1. Hacer menos cosas: Mantener una carga de trabajo por debajo del nivel de saturación para evitar el agotamiento y centrarse en lo importante.
  2. Trabajar a un ritmo natural: Aceptar la estacionalidad (momentos de alta intensidad seguidos de descanso) y juzgar el progreso en meses o años, no en horas o días.
  3. Obsesionarse con la calidad: Este es el "pegamento" que sostiene el sistema. Al enfocarse en hacer algo excepcionalmente bien, se gana la autonomía necesaria para decir "no" a las distracciones y tareas superficiales.

Existe una coincidencia entre los promotores del “slow”, la cual nos indica que ir más lento suele llevar a mejores resultados. A nivel biológico, el "pensamiento lento" (slow thinking) es el que permite la creatividad y la resolución de problemas complejos. Las mejores ideas no surgen bajo presión o haciendo multitarea, sino en momentos de relajación, como en la ducha o paseando.

Además, Honoré explica que la lentitud racional permite trabajar, comer y vivir mejor. Al desacelerar en los momentos oportunos, el cerebro se vuelve más denso y capaz de procesar información con mayor eficacia cuando la velocidad es realmente necesaria.

Para integrar esta filosofía, se sugieren estas iniciativas:

  • Recuperar rituales lentos: Como la cena familiar sin dispositivos electrónicos o realizar rompecabezas, actividades que no pueden acelerarse.
  • Establecer límites digitales: Apagar las notificaciones para recuperar el control de la atención y el tiempo.
  • El arte de decir "no": Utilizar cuotas (por ejemplo, "solo acepto cinco revisiones al mes") para rechazar compromisos sin generar conflicto personal.
  • Reivindicar el aburrimiento: Especialmente en niños, el aburrimiento es el trampolín hacia la imaginación y la creatividad; recomiendo leer en este mismo blogg el artículo "El Aburrimiento es Esencial".

Honoré también desafía el "culto a la juventud", señalando que la sociedad ve el envejecimiento como una enfermedad o una pérdida de velocidad. Sin embargo, la ciencia muestra una "curva de felicidad en forma de V", donde los niveles de satisfacción suelen ser más altos después de los 55 años. La creatividad y la productividad social no desaparecen, sino que se transforman gracias a la experiencia acumulada.

 

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