El Lado Obscuro de la Medición del Desempeño

 


La medición del desempeño es una práctica común —y necesaria— en organizaciones modernas. Herramientas como KPIs, OKRs, evaluaciones 360° y “dashboards”, son fundamentales para gestionar equipos, alinear objetivos y tomar decisiones basadas en datos. Esta lógica parece respaldada por el célebre principio del físico Lord Kelvin:

"Lo que no se mide, no se puede gestionar."

Sin embargo, una antigua historia del pensador taoísta Chuang Tzu (siglo IV a.C.) plantea una advertencia profunda:

“Cuando un arquero dispara por placer, mantiene toda su habilidad.
Si dispara por una hebilla de bronce, se pone nervioso.
Si dispara por un premio de oro, se vuelve ciego.
Aunque su técnica no ha cambiado, su mente está alterada por el deseo de ganar."

Esta parábola nos obliga a mirar con más cuidado a la medición del desempeño: ¿qué sucede cuando las métricas, en lugar de guiar, terminan distorsionando el comportamiento humano?

Lord Kelvin representa la visión moderna de gestión racional: si se puede cuantificar, se puede controlar. En contraste, Chuang Tzu nos recuerda que el deseo de lograr un objetivo medible puede afectar negativamente la ejecución espontánea de una habilidad. Esta tensión se manifiesta claramente en ambientes laborales y académicos actuales:

  • Empleados que eran creativos y proactivos se vuelven cautos y mecánicos cuando se sienten evaluados.
  • Estudiantes que disfrutaban aprender comienzan a estudiar solo para aprobar.
  • Líderes que toman decisiones basadas en ganancias olvidando factores esenciales, como el clima emocional o la ética.

 

La medición en sí no es el problema. El verdadero riesgo está en reducir el valor de una persona a sus métricas, en transformar el desempeño en una competencia por premios (bonos, rankings, reconocimientos) que desplazan la motivación intrínseca por incentivos externos.

Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en psicología organizacional. La llamada “paradoja de la motivación” señala que, cuando un individuo realiza una actividad por interés propio (curiosidad, desafío, propósito), la introducción de una recompensa externa puede reducir su entusiasmo genuino. Se trata del mismo efecto que Chuang Tzu anticipó hace más de 2000 años.

¿Cómo reconciliar entonces la necesidad de medir con la preservación del compromiso auténtico? Algunas recomendaciones:

1. Medir para aprender

Diseña sistemas de medición que sirvan como retroalimentación y no como juicio. Las métricas deben ser herramientas de aprendizaje, no de castigo.

2. Fomentar el propósito, no solo el rendimiento

Comunica el "para qué" detrás de cada objetivo. Cuando las personas entienden cómo su trabajo contribuye a un propósito mayor, están más dispuestas a comprometerse, incluso sin incentivos externos.

3. Separar la evaluación del valor personal

Evita que los colaboradores asocien su valía con una métrica. Promueve culturas donde el error se vea como una fuente de mejora, no como una amenaza.

4. Dejar espacio a lo difícilmente medible

La creatividad, la empatía, el juicio ético y el trabajo en equipo rara vez se capturan adecuadamente en un número. Sin embargo, son ingredientes críticos del desempeño sostenible.

La medición del desempeño es indispensable, pero si se aplica de forma rígida, puede minar justo aquello que busca potenciar: el talento, la autonomía y el compromiso. Lord Kelvin tenía razón: necesitamos medir para gestionar. Pero Chuang Tzu también tenía razón: cuando el resultado se convierte en obsesión, la excelencia desaparece.

El reto moderno es usar la medición con sabiduría, como una brújula y no como un látigo. Solo así podremos gestionar organizaciones que funcionen con rigor, sin apagar el fuego interior que mueve a las personas a dar lo mejor de sí mismas.